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Pues sí, cada vez que cambiamos de calendario y nos metemos en un año distinto nos llenamos de ideas y proyectos. El impulso de optimismo e ilusión que nos dan las fiestas navideñas se traduce en multitud de planes que mayoritariamente tienen como denominador común el inglés, los gimnasios y dejar de fumar. Pero, un momento, ¿las grandes ilusiones de cualquiera no son tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol? Bueno, pues esas también a los proyectos para el año que empieza, ese cuaderno lleno de páginas en blanco.

Ese primer empuje se va diluyendo. Lo de hablar inglés ya, si eso, para dentro de unos meses, que ahora tengo mucho lío. Y después de pagar la matrícula, no vuelves a pisar el gimnasio hasta que llega el momento de cancelar la inscripción. Lo de dejar de fumar, después de este último cigarrillo. Pero… ¿y si nos ponemos las pilas y este año sí que sí? ¿Y si el proyecto para los próximos doce meses es escribir un libro?

Como todo, lo primero que necesitamos es un buen plan. Puede que ese plan pase por buscar ayuda (por ejemplo entre los mentores que ya empezamos a tener a vuestra disposición en Escritor.com), porque ya lo cantaban los Beatles, todo es más fácil con un poco de ayuda de mis amigos. Y no pienses que necesitar una mano que apuntale tus ideas te hace débil, la debilidad está en pensar que podemos con todo y no necesitamos al resto.

Escribir es una tarea que comparte muchos aspectos de intentar aprender un idioma, empezar a hacer cualquier deporte o dejar un mal hábito: requiere mucha disciplina. Disciplina imprescindible si lo que quieres es llegar a buen puerto y que tu propósito no quede en agua de borrajas. Porque habrá momentos en los que no veas la luz, momentos en los que quieras tirar la toalla o momentos en los que te apetezca hacer prácticamente cualquier cosa antes que sentarte delante de una hoja en blanco.

De lo que se trata es de encontrarle el punto a esa obligación, de encontrarle los aspectos positivos, de ponerte pequeñas metas a corto plazo e irlas cumpliendo, de ir alcanzando tus pequeños objetivos. Roma no se construyó en un día y las novelas o los ensayos están divididos en capítulos por muchas razones. Una, la que te interesa como escritor, es ofrecen la medida justa para que puedas estar dando el do de pecho constantemente sin venirte abajo, para que puedas correr al máximo y aguantes hasta llegar a la meta de este maratón.

No lo pienses mucho. Siéntate. Piensa en qué quieres contarle al mundo, pero sobre todo en qué quieres encontrar dentro de ti. Porque tu objetivo no debe ser escribir pensando en publicar, sino en hallar respuestas para ti. Tú eres el primer y único lector que debes tener en cuenta. Si lo haces así, tu libro será mucho más interesante y probablemente le guste más a otras personas. Los libros que se hacen pensando en agradar a los demás terminan resultando artificiales e insípidos, como un bollo industrial cuando lo pones al lado del bizcocho de cualquier abuela.

¿Dispuesto a asumir el reto? ¿Preparado para cumplir con tu propósito? Pues adelante, hagamos juntos que el año 2017 sea un año lleno de letras, de palabras y de sentido. Y, esta vez al menos, cumplamos lo que nos hemos propuesto.

 

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