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«Nunca se fijarán en mí si no he publicado antes o he tenido cierta repercusión en Amazon». «Las editoriales sólo publican a autores noveles si son famosos o salen en la tele». «Publicar con una editorial es algo prácticamente imposible». Éstos son algunos de los comentarios (quejas, más bien) que sueles escuchar cuando te encuentras con escritores noveles (e inéditos). Y lo cierto es que, pese a lo que puedan pensar, su percepción no coincide con la realidad.

No tengo que ir muy lejos para encontrar datos que rebatan este tipo de afirmaciones porque yo mismo, a lo largo de mi carrera como editor, he trabajado con muchos escritores que nunca habían publicado anteriormente. Es cierto que en mi caso eran en su mayoría autores de no ficción pero alguna novela de escritor inédito también ha caído en mis manos y he contribuido a que fuese publicada.

Entonces, ¿por qué unos sí y otros no? ¿Qué es lo que diferencia al autor publicado del que no consigue pasar esa criba? Empecemos diciendo que en pleno siglo XXI publicar con una editorial no es la panacea universal de nada. La tecnología ha acercado a lectores y escritores hasta el punto de que, en algunos casos, las editoriales han dejado de ser el elemento diferenciador que fueron antaño. Un determinado libro puede tener un público tan segmentado que a veces el propio autor dispone de los recursos (bien porque personalmente puede encargarse o bien porque puede contratarlos a terceros) para poder hacer un trabajo excelente y llegar a todos los lectores potenciales de su obra. Consejo número uno: no te obsesiones con publicar en una editorial, entiende cuál es tu público y analiza qué aporta que te publiquen frente a la autopublicación.

Al hilo del primer consejo viene el segundo: plantéate qué quieres conseguir con tu libro y trabaja para que el texto final alcance la excelencia mínima como para que lo hayas conseguido. Porque como editor recibes muchos manuscritos de libros que no concuerdan con lo que promete el correo electrónico que lo acompaña. Escribir no es sentarse delante de un teclado y aporrear teclas. Para escribir un libro hay que tener una visión completa de la obra, una estructura en mente (si es en papel, mucho mejor; y si es en papel antes de empezar a escribir, miel sobre hojuelas). También hay que saber cuál es el objetivo que te lleva a sentarte delante de un papel o una pantalla en blanco, para qué público escribes, qué pretendes conseguir…

Tercer consejo: Escucha la crítica, huye de la adulación. «He dado a leer mi manuscrito a más de X lectores y todos han coincidido en que su lectura es adictiva». Haz que salten tus alarmas y preocúpate. ¿Valoran tu manuscrito o valoran tu amistad con sus comentarios? ¿A quién se la has dado a leer? ¿Personas que leen muchos libros o personas que apenas has visto con un periódico (deportivo) en el mejor de los casos? Nadie concita la unanimidad (ni siquiera los grandes escritores), así que intenta que lean lo que has escrito la mayor variedad de personas posibles a las que tengas alcance y, si puedes, alguien con criterio y ajeno a ti (un mentor, por ejemplo). Y deja descansar tu manuscrito un tiempo para que vuelvas a leerlo tú con otros ojos y con la idea de pulirlo al máximo.

Porque sí, escribir es pulir (o dicho de otra forma: escribir es trabajar). Pule, pule, pule y vuelve a pulir. También es hábito: escribe, escribe y escribe sin parar. Y trabaja hasta que encuentres tu voz, tu manera de contar, tu enfoque personal. Es cierto que al principio escribirás como lo que lees (en este cuarto consejo de pule y escribe, no podemos dejar fuera que leas, porque al leer aprenderás de los demás), pero de lo que se trata es de que poco a poco vayas encontrando tu propio estilo, lo que te diferenciará de todo los demás. Es cierto que dependiendo del tipo de obra que estés interesado en escribir el estilo puede llegar a ser incluso accesorio (imagina que quieres escribir una guía de insectos autóctonos de la península ibérica), pero escribir bien y hacerlo de una forma que sea amena e instructiva de leer no sobra ni en el tratado de tautología más oscuro.

Y sobre todo no dejes de lado el quinto consejo: aprende a vender bien tu proyecto. Sí, está claro que Joseph Conrad no hizo un curso de marketing para colocar a un editor El corazón en las tinieblas, pero tampoco tuvo que enfrentarse a la sobrepoblación de escritores que hay en la actualidad. Las editoriales, incluso las más pequeñas, reciben entre uno y dos proyectos diferentes cada día y en muchos casos no dispone de los recursos necesarios para poder tratarlos con el debido cariño y cuidado que merecen. Pónselo fácil. Sé creativo en tu presentación, dale argumentos para que abra el fichero adjunto, ponle tú ese cariño y ese cuidado que haga que tu manuscrito llame su atención y desee leerlo. Y no desesperes ante las negativas de las editoriales.

Porque al final, entre tus objetivos, el primero que debe figurar es que quieres hacer algo realmente sobresaliente y que tenga un valor incalculable para ti. Que otros vean eso y que sepan valorarlo es un importante añadido pero no debe ser el motor principal de tu impulso. Van Gogh murió sin haber vendido un solo cuadro y en ningún momento tuvo dudas acerca de su valía como artista, porque a él le gustaba lo que hacía. Evidentemente en una inmensa mayoría de escenarios si te sientas a escribir es para conectar con un público lector determinado pero lo que debe motivarte realmente es que pasados cinco años sigas sintiendo el mismo orgullo que cuando escribiste la palabra FIN en tu manuscrito. Y, créeme, eso sólo se consigue con mucho trabajo y mucha constancia porque al final tu público más difícil eres, o deberías ser, tú mismo.

Mi último consejo es que no te importe que tu obra, tu criatura, pueda ser un trabajo en equipo. Escucha a tu editor (si has conseguido llegar a este punto), escucha a tu mentor, al corrector de tus textos, a tus lectores más críticos. Pon a prueba a tu criatura mientras estés a tiempo de incorporar las mejoras que te puedan aportar (y aquí, en Escritor.com, encontrarás a mucha gente que puede ayudarte a mejorar tu trabajo) porque de lo que se trata es de hacer el mejor libro posible.

Y si no lo consigues a la primera, persevera si crees en tus posibilidades. Sigue escribiendo, sigue trabajando y nunca dejes de leer. No hay otro camino, no hay atajos.

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